Star Wars: Palabras Cósmicas

 "Desde ahí seguimos adelante con el corazón triste, escapando gustosos de la muerte aunque perdimos algunos compañeros".

Odisea. Canto IX

Homero


La naturaleza imaginaria que conocemos en Star Wars es un inagotable territorio de símbolos que hablan primordialmente de la inmortalidad posible e improbable, la imposible vida sin la presencia de la muerte y el discernimiento para buscar la trascendencia de los individuos y de las sociedades. 



Sí es una fábula de trazos incoherentes, que no subsiste como tesis o teoría sino como energía épica. No es un perfecto oleaje pintado geométricamente, sino una pandilla de olas con adolescente brío que adquiere matices de poema cósmico, abarcador de todas las galaxias: las pocas conocidas, las interiores y las misteriosas y ultraterrenas que aún apenas concebimos como ilusiones.



Todas las grandes obras épicas de la literatura están fundamentadas sobre metáforas obsesivas, héroes cuyos rostros, motivos y peripecias se repiten de manera insistente, y una búsqueda de la verdad que asume y trasciende el tiempo histórico, es decir, identificada con un conocimiento filosófico de los individuos y sus formas de comunicación (la política, el comercio, la educación, la familia, las relaciones individuales y demás).



En ese sentido, Star Wars es una saga romántica de aventuras y una de las mayores mitologías de la edad contemporánea, acerca del auge y caída del imperialismo bélico y el ascenso esperado de la ética del respeto lingüístico y racial, llevada a la colectividad para su aprendizaje y difusión por medio de la herramienta artística de mayor alcance para los ideales del lenguaje: el cine.




Star Wars es la odisea del cambio, del retorno y de la transformación. No es la epopeya de la conquista del espacio, sino del espíritu sobre la materia; no es la defensa de la dominación de planetas, sino la reflexión sobre la dominación de uno mismo. 

  



En su libro Cántico Cásmico, el poeta Ernesto Cardenal (un fragmento de su poema Como las Olas acompaña los excelentes diseños fotográficos que para la saga realizó Concepción Studios y que pueden apreciarse en las imágenes que acompañan esta publicación) examina la evolución en el planeta Tierra, migaja de la Vía Láctea, desde la perspectiva ética y contempla a los seres humanos como caminantes que, emulando el recorrido del universo, desde el Big Bang hasta la actualidad, adquieren con el paso del tiempo la conciencia para discernir entre la oscuridad y la justicia, entre el egoísmo y el amor, y entre la esclavitud y la libertad.


 

Cada una de las películas de Star Wars, como las epopeyas antiguas, es una proeza que desafía los cánones de las artes; agita, enjuicia y repara los valores de la verosimilitud y el heroísmo, y, para quien sabe adentrarse en las ficciones por sobre los truenos publicitarios que las acosan, refunde repetida y acertadamente el carácter de la lealtad. 




Lejano descendiente de Homero, también de Whitman, y extraño hermano de Tolkien y Cardenal, George Lucas quiso probablemente instalar su huella, más que en los altares académicos del cine, en la más riesgosa memoria popular, y decir, como el remoto clarividente de las arenas de Troya: “Canta, oh Musa Galáctica, las aventuras de mi mente, la fuerza de mis pasiones, las heridas de mi cuerpo, el despertar de mi alma y el nacimiento de mi conciencia”.  




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